Hola, hoy voy a tratar de analizar y compartir con vosotros algunos de los “falsos mitos” asociados al sistema sifónico.

 
Por ejemplo, la capacidad de evacuación del sistema. Es cierto que un sistema sifónico evacúa caudal entre 8 y 10 veces más rápido que un sistema tradicional equivalente. Sin embargo este gran potencial no se utiliza plenamente ya que para un mismo diámetro la mayor velocidad del sifónico supondría poder evacuar una lluvia de un período de retorno altísimo, más de 500 años. Lo que se hace habitualmente es fijar el parámetro de intensidad primero para después decidir el sistema a emplear. Si ambos sistemas, sifónico y tradicional, están correctamente calculados para la misma intensidad, entonces podemos decir que la capacidad de evacuación de ambos es equivalente pues el producto de sección por velocidad, aunque con distintos valores para los factores, nos va a dar el mismo caudal.

 
¿Cuál es entonces la ventaja del sifónico frente al tradicional? Bien, la principal ventaja a nivel de caudal máximo (o nivel de protección) es que el sifónico puede adaptarse fácilmente a mayores intensidades sin por ello incurrir en el uso de grandes diámetros. Es decir, cuando la cubierta de un edificio “se la juega”, en las tormentas de gran intensidad y corta duración, el sifónico ofrece todas las posibilidades de diseño mientras el tradicional llega a un máximo en el que sus tuberías podrían, y de hecho ocurre, entrar en carga con el consiguiente riesgo de colapso, además de la saturación de la evacuación ya que el sistema gravitatorio no está concebido para tales lluvias y “no da más de sí”.
Por lo tanto, como resumen definitivo, debemos tener claro que hasta un cierto umbral de intensidad pluviométrica ambos sistemas funcionan con rendimiento hidráulico equivalente, si bien en el caso de altas intensidades el sifónico puede ser diseñado para intensidades muy superiores con la consiguiente ventaja de protección para el edificio.
Más claro aún: Es el parámetro de intensidad el que importa, más allá del tipo de sistema empleado… Aunque si se quiere emplear el parámetro correcto, la superioridad del sifónico es patente.
Otra de las grandes creencias a mi juicio erróneas es la del precio percibido. Tendemos a escuchar que los sistemas sifónicos son caros pero no nos preocupamos de hacer el comparativo con el rigor necesario. Es fundamental incluir en dicho comparativo el ahorro en obra civil y arquetas interiores que conlleva el empleo del drenaje sifónico. Si este factor se tiene en cuenta podemos observar un ahorro medio del 30% que puede ser mayor o menor en función de otros factores, sobre todo: Número de canalones o limahoyas interiores, tipo de suelo, pluviometría correcta de la zona, etc.
Existe además otro factor que no se suele tener en cuenta: la aceleración del planning de obra. Si la coordinación de la partida de sifónico se hace correctamente (entrando justo antes o inmediatamente después de las redes de seguridad de la cubierta) se pueden conseguir rendimientos espectaculares y un control total del riesgo de entrada de agua durante el período de obra. El tiempo también es dinero, y tener un suelo practicable en obra no tiene precio ya que va a afectar al resto de gremios en su productividad.
Por último, cabe indicar que tras el período introductorio de estos sistemas en la pasada década nos encontramos ante un nivel de precios muy competitivo frente al gravitatorio por lo que el empleo de los sistemas sifónicos no hará sino aumentar en los próximos años.