¿Esta bien protegida tu cubierta?: existen diversos elementos clave en el correcto diseño de un sistema de drenaje de cubiertas pero de todos ellos sobresale uno en particular: La intensidad de lluvia a utilizar a la hora de decidir qué grado de protección se quiere dar a la cubierta. Este es un factor crítico para que el sistema cumpla su cometido de evacuación correctamente y nos evitemos los desagradables problemas que el agua causa en los edificios.

Teniendo en cuenta lo que el Código Técnico de la Edificación (CTE) indica para la zona donde se localiza el proyecto estaremos cumpliendo un “mínimo legal” pero debemos preguntarnos si cumplir con el mínimo es suficiente en nuestro edificio a la vista de las lluvias torrenciales experimentadas cada vez con más frecuencia (cambio climático).

En principio, la intensidad pluviométrica ha de ser considerada en función de dos parámetros según el denominado método racional: Uno es el periodo de retorno y el otro, mucho más sensible e importante, la duración de aguacero.
La duración de aguacero debe ir en consonancia con el tiempo de concentración que a su vez viene marcado por las pendientes de nuestra cubierta. Como regla general, podemos establecer las siguientes reglas simples en función de la experiencia acumulada en este campo a lo largo de los años:
Cubierta plana → 10 minutos
Cubiertas con pendientes entre 2% – 4% →5 minutos
Cubiertas con pendiente mayor al 4% → 2 minutos

Un consejo útil en relación con el período de retorno es hacerlo coincidir al menos con la vida útil esperada del edificio. Ello nos asegura que habrá que enfrentarse al menos una vez la intensidad de cálculo. Elegir 25 o 50 años debería ser lo habitual en Edificación.

En general, es recomendable plantearse la utilización del método racional en los casos siguientes:
1.- Si el edificio tiene una función pública o sirve para alojar contenido valioso. Como ejemplo, diremos aquí que la normativa del Reino Unido aplica factores de aumento de forma obligatoria para estos casos.
2.- Si el edificio tiene pendientes de cubierta mayores al 5%.
3.- Si ya somos conscientes de que los “picos de intensidad” de las tormentas son los que ponen a prueba verdaderamente su sistema de drenaje.
4.- Si pensamos en el papel que el denominado cambio climático pueda estar jugando en el punto anterior tanto en lo que respecta a mayores intensidades como a su mayor patrón de frecuencia.
5.- Si nuestro edificio está situado en zonas de “gota fría”.

imgsifonika2Aquellos edificios que tengan un bajo nivel de protección pluviométrica se enfrentan a la amenaza de una entrada de agua por desborde de canalón o, en el peor de lo casos, a un desplome parcial o total de la cubierta si ésta no se ha diseñado a conciencia para soportar sobrecargas de agua imprevistas debido al caudal no evacuado.

A modo de ejercicio comparativo, cabe citar que la normativa francesa exige la utilización de una intensidad de 180mm/h para la totalidad del país que viene a ser el doble de lo indicado en el CTE para zonas como Madrid o Zaragoza. Y ello teniendo en cuenta la conocida evidencia de que a mayor latitud meridional mayor es la probabilidad de experimentar intensidades pluviométricas torrenciales.

La utilización de sistemas sifónicos secundarios que aporten una seguridad extra, que consigan que los sistemas primarios entren en funcionamiento más rápido (menor tiempo de cebado), y que descargan directamente a cota cero (o a depósitos para reciclado) para no interferir con las redes de saneamiento saturadas son una excelente solución que, lamentablemente, se utilizan casi siempre a posteriori de haber sufrido ya los problemas de un escaso nivel de protección inicial, ya sea mediante la utilización de sistemas gravitatorios clásicos o de sistemas sifónicos. En ambos casos, una mala elección del parámetro supone una elevada probabilidad de enfrentarnos a un siniestro indeseado.

Desde Sifónika queremos concienciar a proyectistas y propiedades a no quedarse cortos en el parámetro de intensidad, ya que sus consecuencias pueden ser verdaderamente desastrosas y esta partida dentro del presupuesto de ejecución suele significar no más de un 0,3% del total.
Hablaremos de sistemas secundarios y de emergencia en la siguiente entrada de nuestro blog.